Después del entrenamiento matutino en plena pretemporada, esperamos en la puerta del vestuario a que salga. Nos concede 5 minutos de su valioso tiempo. Su aliento es como el aroma de unas rosas frescas sacadas de un cubo de basura líquida. Su bondad es interminable así como su halitosis. Es feo. Y calvo. Un alopécico que ha iniciado un tratamiento de injerto de pelo púbico rizadito para ocultar las claras allí dónde nunca crecerá el pasto. El muy cabrón, jamás padecerá de caspa. Sonriente, responde de manera garrula nuestro cuestionario. Su rostro, abstracto y repugnante, parece producto de un tremendo error del photoshop. La diosa fortuna le ha dado la espalda no sin antes propinarle una paliza. De orejas lobuladas, peludas y sucias, y de ojos bizcos, cataráticos e ictericiosos, con copiosa cantidad de legañas e incluso cortezas de cerdo, nos confiesa que lo que más le agrada en este mundo es el tabaco y los hombres. Desprende honestidad , nobleza y repudio. La gente entrecierra los ojos al mirarle para que el impacto sea menor. Sus compañeros de escuadra evitan por todos los medios el contacto visual. OSCAR ROONEY PARDEZA, una hábil mezcla de material genético de gorila de montaña, rinoceronte negro y cabra hispánica, es bastante más que un fenómeno mediático. Es un modelo. Un ejemplo, un arquetipo. Un gilipollas con un pene gigantesco. Es el paradigma para todos los individuos cuyos rostros amplían el significado de la palabra crueldad y que insultan a la propia creación. De piel granulada, sudorosa y salpicada irregularmente por pedregosas llanuras de granos jóvenes, verrugas pelosas y puntos negros se ha convertido en el icono de los que han sufrido el castigo de la naturaleza en su propio cuerpo. De nariz especiada por pus emergente y de cavidad nasal vestida de pelos robustos y añejos como varas de mimbre, PARDEZA, el humanoide nacido entre la maleza, al que los agricultores le pedían una foto para colgarla del espantapájaros, se ha convertido en una figura clave en el banquillo de la escuadra vallesana. Jamás jugará como los ángeles al balompié. Nunca dará un pase en óptimas condiciones. Tampoco marcará goles. Es una oda a como no se debe jugar al fútbol. Qué malo es el jodido. Pero es un futbolista altruista, que ha aceptado su rol de suplente. OSCAR ROONEY PARDEZA, un hombre que ha abierto al resto del mundo nuevos senderos en el campo de la lástima.

Joder...su lengua es como un bistec a medio rebozar, sus dientes son terrosos, amarillentos, carcomidos por la caries, su piel es una pared estucada...¿cómo se puede ser tan feo?
Efectivamente. Mis antepasados era orcos de los bosques de Birmania. Lo tengo asumido. Yo creo que robar una sonrisa tiene más resultado que un bíceps torneado. No obstante, ser feo sale mucho más barato, porque a los feos no se nos notan los defectos.
¿De pequeño siempre quiso ser futbolista?
Quise ser hombre anuncio. Pasear por las calles con un cartel anunciando maquinillas de afeitar siempre fue mi sueño.
La película que más veces ha visto:
Liberad a Willy II
¿Duerme con calcetines?
No. Duermo con mi gatito, al que violo compulsivamente.
¿Cuáles son sus estudios?
No terminé el tercer año de guardería.
Su mejor amigo dentro del vestuario:
¿Amigos?. No tengo amigos en el equipo. Mis compañeros me pegan palizas, me insultan y se ríen de mi.
Un libro:
El Hombre que se la Chupaba a los Caballos.
Programa de TV favorito:
Les Tres Bessones.
Un hobby:
Escupir hacia arriba.
¿A qué edad empezó a masturbarse?
A los 2 años.
¿Carne o Pescado?
Yo prefiero las pollas, los nabos, las vergas y los cipotes.
Cantante preferido:
Falete.
¿ Ha entrado alguna vez en un sex-shop?
He entrado, he robado y me la he pelado.
Un ídolo:
El Dioni.
Para más gilipolleces visita: http://cronicasdeuncapullo.blogspot.com/
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