"ADIÓS A UN MITO. GOOD BY BARJUAN GREMLIN. A REVOIR GILIPOLLAS."

¿Qué le ha pasado a Barjuan Gremlin? Siendo ésta una pregunta que se hace la afición vallesana y los propios compañeros de vestuario, no es la que más retumba o duele. La hay más dolorosa y sonora: ¿ Va a regresar de nuevo? La respuesta es contundente: NO. Y es que el aquel ariete de rasgos sucios y repugnantes ,de facciones pringosas e indecentes, aquel delantero liliputiense cuyo rostro provocaba náuseas y arcadas, el ariete cuyo aliento olía a atún, ha iniciado sin remisón su caída. A sus 32 años y tras 5 en la élite, la confianza en él de todo su entorno se viene abajo. En realidad se puede decir que en GREMLIN sólo confían ahora mismo el propio GREMLIN, su amante (la domadora de monos Tina) y un grupo de amigos insobornables por los hechos. Atrás quedan sus mejores días...Aquél gnomo que cautivó al planeta fútbol con sus jugadas de otra galaxia, aquel elfo que entró por méritos propios en el Olimpo de los dioses, ya no recoge tantas manzanas como antes. Su esfuerzo es máximo, pero el paso de los años, la adicción con el alcohol, el desgaste impepinable, su confeso hemafrodismo, el flirteo con los estupefacientes, la dependencia a los fármacos para paliar su enanismo y su bajísimo estado anímico, han acabado por hundir al vallesano. BARJUAN GREMLIN llegó a la capital vallesana con 27 años. Jugó 5 temporadas y ganó 2 Ligas y una Copa. Su pierna derecha era temible. Resultaba un rematador preciso y potentísimo. Su complexión enjuta y endeble le facilitaba ofrecer una salida veloz, explosiva , que dejaba atrás a los defensas y le permitía cargar el cañón. GREMLIN fue el promotor de que corra la pelota y no el jugador. Y es que el muy cabrón se movía menos que un Teletubbie en una cama de belcro. Podía parecer lento de movimientos, pero sus efectos letales de cara al marco eran inmediatos, repentinos.
BARJUAN GREMLIN, LA HISTORIA DEL HOMBRE MONO.
La suya es una historia de una infancia aciaga e infeliz. La que nunca se cuenta. La que nadie quiere ver ni conocer porque pesaría demasiado. Nunca supo de matemáticas, ni tan siquiera supo que era una vocal o un trozo de plastelina. No conoció el calor de una clase de invierno, ni el olor de los rotuladores. No tuvo nunca un juguete. Tampoco lo necesitó. Aprendió rápido a divertirse con el muñeco que tenía entre las piernas. La suya es una historia increíble, fascinante. Es la versión real del mito de Tarzán... Tras confundirlo con un cría de chimpanzé, lo abandonaron en la selva africana y fue adoptado y educado por una manada de monos. La educación recibida le dio habilidades físicas considerablemente superiores a la de los mejores atletas “civilizados”: GREMLIN se había acostumbrado a trepar por los árboles y hacer los mismos gestos que los primates, que lo habían alimentado con frutas, nueces y bayas.
Aprendió a comunicarse con los simios y desarrolló una sorprendente destreza para copular con los animales silvestres: gacelas, ñus, mapaches, mofetas... Sus 80 cm de falo le hicieron ser respetado en la jungla. En 1995, un grupo de cazadores furtivos liderados por FITI PARADA que recogían leña en un claro de la selva, presenciaron una pelea entre una manada de monos Macacos. Les llamó la atención un simio muy sucio y feo de cojones, que chillaba y corría a cuatro patas como los demás, pero sin pelos en el cuerpo. Decidieron darle caza. Atado a un árbol y apoyándose en sus tres patas, gritaba espantado ante los rostros humanos. Los monos intentaron rescatarlo y hubo que ahuyentarlos a pedradas. BARJUAN GREMLIN, estaba desnutrido, lleno de parásitos y cicatrices, y había olvidado su lengua. Tras unas semanas enjaulado, desalentado y tras ser tratado por psicólogos expertos en devolver a su hábitat a los monos cazados clandestinamente, fue adoptado por FITI PARADA, que lo convirtió en su mascota, a la que llamó cariñosamente GREMLIN. BARJUAN GREMLIN no terminaba nunca de adaptarse ni lograba hablar correctamente. Seguía excluido del mundo que había abandonado de pequeño: las fotos que le hacían, salían veladas, las prostitutas le cobraban el triple, le prohibían entrar en la Iglesia, le tenían que atar un trozo de carne en el cuello para que los perros jugaran con él y en Carnaval, sin llevar disfraz, le daban más caramelos que a los otros niños. Obligado a vivir en un mundo que no le pertenecía, un mundo despiadado y cruel, cayó en una profunda depresión. Los intentos de FITI PARADA para paliar su estado anímico, resultaron estériles. Le apuntó a un circo, le compró sacas de bananas, habilitó en su jardín una pequeña jungla para que pudiera trepar por los árboles, adquirió media doce de iguanas,ciervos ,castores y flamencos para que pudiera satisfacer sus instintos sexuales, pero todos los esfuerzos fueron improductivos. Todo cambió una noche de verano...FITI PARADA, aquejado de una fisura en el ano, no estaba en disposición de participar en la 4º jornada del Torneo de Verano, así que decidió ver el partido desde la grada, acompañado de su fiel mascota. Ataviado con un collar y comiendo cacahuetes, GREMLIN pareció enloquecer con el partido que se estaba disputando. Corría hechizado tras la pelota, como una liebre en celo. Fue en el descanso del partido cuando FITI PARADA decidió sacarle bola correa para que se foguease con otros animales de compañía que había en el campo. El diminuto primate saltó inmediatamente al terreno de juego para hacerse con un balón y juguetear con él. Pese a su vulgar y primitivo estilo de correr, el simio tenía un exquisito toque de balón que dejó perplejo al numeroso público que se dio cita en el estadio. Su forma de jugar era curiosa y peculiar. Sus rabiones movimientos parecían sugerir que estaba desmarcándose e intentando que alguien le pasara el balón, y si esto sucedía, protegía el esférico, armaba su pierna diestra y proyectaba un seco y brutal zapatazo que perfectamente dirigido, se colaba por la portería. El pequeño simio tenía unas innatas facultades para jugar al fútbol. PARADA, atónito , ensimismado por lo que acababa de contemplar, decidió ficharlo para su escuadra. Los trámites para su contratación fueron espinosos y enmarañados: Pruebas de ADN para determinar que GREMLIN era humano y no un simio, retoques fotográficos en su ficha f

ederativa, pleitos contra varias asociaciones para la protección y defensa de los monos… Pero finalmente se enfundaría la elástica verderona. Su progresión fue meteórica, y pronto se convirtió en un ídolo de masas, un astro del balón. El niño que nunca había recibido un beso, el mocoso que había nacido con barba, el bebé que era acariciado con un rama, la criatura que cuando jugaba al escondite nadie le buscaba, el chaval al que tiraban galletas por la calle, el chiquillo que hacía llorar a las cebollas y asustaba a los ciegos, se había convertido en un deportista mediático, que vestía de Armani, conducía un Corvette y estaba acompañado de bonitas mujeres. Había firmado jugosos contratos de publicidad. Pero fue precisamente la fama, la gloria alcanzada, el éxito y la brillantez conseguida, lo que le hundió en la miseria. Su adición al alcohol y los barbitúricos, su falta de control sobre su inmenso talento, cansado de los interminables partidos lo convirtieron en un ídolo caído. El fenómeno había devorado a la persona. Nunca invirtió un céntimo de sus ganancias. Lapidó su fortuna en el juego y en la compra de miles de peluches, su gran pasión. Su estado mental se había desintegrado en los últimos años. Nunca fue demasiado inteligente. En realidad era un subnormal, un inepto e inútil primate que tuvo todo el talento del mundo, pero que careció del conocimiento necesario para controlarlo. En plena bancarrota e incapaz de conciliar el sueño, intentó sucidarse con somníferos y narcóticos. Desgraciadamente no lo consiguió. La ingesta masiva de barbitúricos causó una desfiguración facial de dimensiones aterradoras que le derrumbó en una profunda depresión. Ahora ha decidido volver a casa. Regresa a Uganda, a la selva. Vuelve a la jungla, con los chimpanzés, con su familia, con los suyos. Trepará de nuevo por lo árboles. Comerá otra vez semillas. Copulará con avestruces y papagayos. Y sin lugar a dudas, volverá a ser feliz.
Para más gilipolleces visita: http://cronicasdeuncapullo.blogspot.com/
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